Malaria

En América Latina el 40 por ciento de la población vive en áreas en riesgo de transmisión de la malaria. El Plasmodium vivax (P. vivax), la cepa menos letal, es la más común en América Latina, a pesar de que en áreas de selva tropical existen altas de tasas de incidencia y prevalencia de la malaria más letal, el Plasmodium falciparum (P. falciparum). La transmisión de la malaria es un problema de salud pública en los ocho países que comparten la región amazónica: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela, más la Guayana Francesa, un departamento de ultramar de Francia. La malaria se encuentra además en América Central, en México y en la isla de La Española donde se encuentran ubicados Haití y la República Dominicana. En esta última, una seria epidemia fue controlada con la ayuda del Fondo Mundial, el cual también apoya a Haití en implementar acciones para combatir la malaria.

Uno de los países con una alta incidencia de P. falciparum es Colombia. El tratamiento contra la enfermedad y las acciones preventivas han sido obstaculizadas debido a la violencia que impera en el país. En 1996 fue declarada en el Ecuador una epidemia de malaria con 11.000 casos. Cinco años más tarde el número de casos había incrementado nueve veces a la cifra récord de 106.000. Desde entonces los casos de malaria han disminuido gracias a los esfuerzos concertados del gobierno. En el Perú la malaria amenaza a unos 2.5 millones de personas que viven en áreas en riesgo, mientras que en Brasil y Surinam una fuerte migración entre fronteras provocó una epidemia en el 2003.

Varios países emplean mosquiteros tratados con insecticida (MTI) como parte de su estrategia nacional para el control de la malaria. Sin embargo, la utilización de mosquiteros es relativamente baja en países como Bolivia, Colombia y Nicaragua. El Fondo Mundial apoya acciones que han tenido un cierto éxito, especialmente en países como Surinam donde se ha ampliado la distribución de mosquiteros en áreas pobres y vulnerables. Allí las poblaciones indígenas han influenciado el diseño y tratamiento de los mismos.

El control de vectores a través de la pulverización en interiores con efectos remanentes y larvicidas en áreas focales forman parte de la estrategia nacional para el control de la malaria en la mayoría de países. Estrategias adicionales incluyen la integración de un programa nacional con servicios de salud locales para promover la participación comunitaria en el control de la malaria.

La fármaco resistencia del P. falciparum a la cloroquina ha sido documentada en el 80 por ciento de los casos, mientras que la resistencia a otros medicamentos ha sido documentada o estimada en el restante 20 por ciento. En América del Sur, países como Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela están cambiando sus políticas nacionales sobre medicamentos y ahora utilizan la terapia combinada con artemisina (TCA) para el tratamiento de la malaria falciparum.

Fuentes:

  • OMS, Informe Mundial sobre la Malaria, 2008
  • El Fondo Mundial, Panorama Regional de América Latina y el Caribe, 2009
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